En las dos posiciones de solsticio, (invierno y verano) la declinación del sol se mantiene durante varios días casi sin moverse; de ahí el nombre de "solsticio", que significa en latín "Sol quieto".
El solsticio de invierno (21 de diciembre) es el día más corto del año (en el hemisferio norte). Al mediodía el sol alcanza el punto más bajo del cielo durante el año. En los solsticios el sol cae sobre el trópico de Capricornio
Todo empezó al observar las estrellas..., en determinada época del año el Sol se mueve desde una posición perpendicular sobre el Trópico de Capricornio, hasta una posición perpendicular sobre el trópico de Cáncer. A estos días extremos en la posición del Sol se les llamó solsticios de invierno y verano, los cuales ocurren los días 21 diciembre y 22 junio respectivamente.
El
sol en su movimiento aparente por la eclíptica alcanzará el punto de mayor
declinación sur sobre el Ecuador terrestre y comenzará a ascender nuevamente.
Este punto es el que se identifica en la tierra como Trópico de Capricornio, en
esta época los días son cortos y las noches largas y frías al norte del
ecuador, la promesa del inicio de la Primavera con la llegada del Equinoccio de
Primavera en el mes de marzo, está cada vez más cerca.
Estas fechas corresponden al
hemisferio norte, pues en el sur es al contrario. El día que veremos al sol
ponerse más al sur es el 21 de diciembre y el día que lo veremos ponerse más
al norte es el 21 de junio. “Las fechas mencionadas son las típicas, pero
puede ser que en un año determinado caiga un día antes o después, debido a
las irregularidades del calendario gregoriano, como los años bisiestos”.
| Este momento recurrente donde la luz triunfa sobre las tinieblas esta lleno de gran energía solar o Cristica, por lo que se aprovecha tradicionalmente en todo el mundo para hacer importantes peticiones para el venidero año, se le ha llamado el día del “Espíritu de la Navidad” y se celebra tradicionalmente el 24 de diciembre. |
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El día de Navidad tiene una intima relación con el solsticio de Invierno. En la antigua Roma celebraban el 25 de diciembre lo que era el nacimiento del Sol, un dios para ellos, adoptando, este día, más tarde, los cristianos como el nacimiento de Dios. Aquí vemos la importancia que tenía el solsticio de Invierno y la duración de los días, en los antiguos pueblos donde la luz jugaba un papel esencial.
Relata la leyenda que este día baja el "Espíritu de la Navidad" al planeta tierra con la misión de dar e irradiar su alegría, prosperidad y abundancia, recogiendo las peticiones que se le hagan de todo corazón para el futuro año en forma de carta. Es una gran oportunidad que se presenta sólo una vez al año y que todos deberían compartir para aprovechar sus maravillosos beneficios.
Según la mitología griega, la
cabra Amaltea amamantó a Zeus, éste en agradecimiento la colocó en la
constelación de Capricornio.
Es el décimo
signo del zodíaco, marca el inicio del frío y duro invierno. Su naturaleza
asigna gran importancia al alcance de logros...
El solsticio de verano (22 de junio) es el día más largo del año (en el hemisferio norte). Al mediodía el sol alcanza el punto más alto del cielo durante el año. En los solsticios el sol cae verticalmente sobre el trópico de Cáncer
El 22 de junio se celebra en el
hemisferio norte, el día más largo del año. Definitivamente no es un día
como los demás, la naturaleza se dispone a celebrar una fiesta, cargada de gran
poder y magia. Distintas deidades de la naturaleza se manifiestan en los campos;
los agricultores dan gracias por las cosechas. También es el momento justo para
pedir por la fecundidad de la tierra y de los mismos hombres; además se debe
comenzar a almacenar alimentos para pasar el otoño y el invierno.
La celebración del solsticio
de verano, es tan antigua como la misma humanidad. En un principio se creía que
el sol no volvería a su esplendor total, pues después de esta fecha, los días
era cada vez más cortos. Por esta razón, fogatas y ritos de fuego de toda
clase se iniciaban en la víspera del pleno verano, ó 20 de junio, para
simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.
En tiempos posteriores se
encendían fogatas en las cimas de la montañas, a lo largo de los riachuelos,
en la mitad de las calles y al frente de las casas. Se organizaban procesiones
con antorchas y se echaban a rodar ruedas ardiendo colinas abajo y a través de
los campos. Se bailaba y saltaba alrededor del fuego para purificarse y
protegerse de influencias demoníacas...
Hablando propiamente del
solsticio de verano, en esta fecha el eje de la tierra está inclinado 23,5
grados hacia el sol. Esto ocasiona que, en el hemisferio norte, el 22 de junio
sea el día más largo del año.
Se ha asociado esta festividad
al solsticio de verano, pero esto tan solo es cierto para la mitad del mundo o,
mejor dicho, para los habitantes que viven por encima del ecuador (en el
hemisferio norte) ya que para los del sur el solsticio es el de invierno y ni
tan siquiera para todos ellos pues la fiesta de San Juan es patrimonio del mundo
cristiano. Aunque no crean que en los países orientales, con ritos y creencias
distintas, no se celebran estas fiestas conservando en todas ellas la misma
esencia: rendir un homenaje al Sol, que en ese día tiene un especial
protagonismo: en el hemisferio norte es el día más largo y, por consiguiente,
el poder de las tinieblas tiene su reinado más corto y en el hemisferio sur
ocurre todo lo contrario. En cualquier caso al Sol se le ayuda para que no
decrezca y mantenga todo su vigor.
Este simbolismo era compartido
por pueblos distantes, separados por el océano Atlántico. Es el caso de los
viejos incas en Perú. Los dos festivales primordiales del mundo incaico eran el
Capac-Raymi (o Año Nuevo) que tenía lugar en diciembre y el que se celebraba
cada 24 de junio, el Inti-Raymi (o la fiesta del Sol) en la impresionante
explanada de Sacsahuamán, muy cerca de Cuzco. Justo en el momento de la salida
del astro rey, el inca elevaba los brazos y exclamaba: “¡Oh, mi Sol! ¡Oh, mi
Sol! Envíanos tu calor, que el frío desaparezca. ¡Oh, mi Sol!” Este gran
festival se sigue practicando y representando hoy en día para conmemorar la
llegada del solsticio de invierno, con un claro tinte turístico. Los habitantes
de la zona se engalanan con sus mejores prendas al estilo de sus antepasados
quechuas y recrean el rito inca tal y como se realizaba (más o menos) durante
el apogeo del Tahuantinsuyo.
ORÍGENES PAGANOS: Ni que decir
tiene que esta fiesta solsticial es muy anterior a la religión católica o
mahometana. Uno de los antecedentes que se puede buscar a esta festividad es la
celebración celta del Beltaine, que se realizaba el primero de mayo. El nombre
significaba “fuego de Bel” o “bello fuego” y era un festival anual en
honor al dios Belenos. Durante el Beltaine se encendían hogueras que eran
coronadas por los más arriesgados con largas pértigas. Después los druidas
hacían pasar el ganado entre las llamas para purificarlo y defenderlo contra
las enfermedades. A la vez, rogaban a los dioses que el año fuera fructífero y
no dudaban en sacrificar algún animal para que sus plegarias fueran mejor
atendidas.
Otra de las raíces de tan
singular noche hay que buscarla en las fiestas griegas dedicadas al dios Apolo,
que se celebraban en el solsticio de verano encendiendo grandes hogueras de carácter
purificador. Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra
Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces
sobre las llamas. Ya entonces se atribuían propiedades medicinales a la hierbas
recogidas en aquellos días.
En los antiguos mitos griegos a los solsticios se les llamaba “puertas” y, en parte, no les faltaba razón. La “puerta de los hombres”, según estas creencias helénicas, correspondía al solsticio de verano (del 21 al 22 de junio) a diferencia de “la puerta de los dioses” del solsticio de invierno (del 21 al 22 de diciembre).
SÚBITAS APARICIONES Y DESAPARICIONES: En algunas leyendas piadosas, hasta los santos aprovechan la víspera de este día para trasladarse milagrosamente a otra parte. En nuestro mundo terrenal, encontramos muchos casos de desapariciones bastante enigmáticas, esa noche se abran las puertas interdimensionales, así como los encantamientos.
Esta es una fecha en la que
numerosas leyendas fantásticas son unánimes al decir que es un período en el
que se abren de par en par las invisibles puertas del “otro lado del
espejo”: se permite el acceso a grutas, castillos y palacios encantados; se
liberan de sus prisiones y ataduras las reinas moras, las princesas y las
infantas cautivas merced a un embrujo, ensalmo o maldición; braman los cuélebres
(dragones) y vuelan los “caballucos del diablo”; salen a dar un vespertino
paseo a la luz de la Luna seres femeninos misteriosos en torno a sus
infranqueables moradas; afloran enjambres de raros espíritus duendiles
amparados en la oscuridad de la noche y en los matorrales; las gallinas y los
polluelos de oro, haciendo ostentación de su áureo plumaje, tientan a algún
que otro incauto codicioso a que les echen el guante; las mozas enamoradas sueñan
y adivinan quién será el galán que las despose; las plantas venenosas pierden
su dañina propiedad y, en cambio, las salutíferas centuplican sus virtudes
(buen día para recolectar plantas medicinales en el campo); los tesoros se
remueven en las entrañas de la Tierra y las losas que los ocultan dejan al
descubierto parte del mismo para que algún pobre mortal deje de ser, al menos,
pobre; el rocío cura ciento y una enfermedades y además hace más hermoso y
joven a quien se embadurne todo el cuerpo; los helechos florecen al dar las doce
campanadas...
Esta noche se abre la puerta
que nos introduce al conocimiento del futuro y a las dimensiones mágicas de la
realidad. Es la noche en que los entierros arden, el Diablo anda suelto y los
campos son bendecidos por el Bautista. La noche anterior dos han sido los
eventos más importantes: el baile del fuego y las pruebas...La noche y el amanecer, están
dedicado a San Juan en un esfuerzo por cristianizar las numerosas fuerzas que se
manifiestan en esta mágica jornada, en la que todas las sociedades
tradicionales de Europa ponen en marcha numerosos rituales de antiguo origen y
profunda funcionalidad cultural. La fiesta no es específica de localidades
concretas, sino que se extiende por toda Europa con diversas variantes. La Noche
de San Juan, la de las tradiciones mágicas, se caracteriza por la multitud de
hogueras que iluminan la noche. Los ciudadanos arrojan a la hoguera antes de su
encendido pequeños objetos, conjuros, deseos e incluso apuntes del curso con el
objetivo de hacer desaparecer los malos espíritus.
| ¿POR QUÉ SAN JUAN BAUTISTA?: San Lucas narra en su Evangelio que María, en los días siguientes a la Anunciación, fue a visitar a su prima Isabel cuando ésta se hallaba en el sexto mes de embarazo. Por lo tanto, fue fácil fijar la solemnidad del Bautista en el octavo mes de las candelas de junio, seis meses antes del nacimiento de Cristo. (el 24 de diciembre celebramos el nacimiento de nuestro Redentor, Jesús). |
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En el Evangelio de San Lucas se
cuenta que su padre, el sacerdote Zacarías, había perdido la voz por dudar de
su mujer, Isabel, estuviera en cinta. Sin embargo en el momento de nacer San
Juan la recuperó milagrosamente, como se lo había predicho el ángel Gabriel.
Rebosante de alegría, la tradición religiosa dice que encendió hogueras para
anunciar a parientes y amigos la noticia. Cuando siglos después se cristianizó
esta fiesta, la noche del 23 al 24 de junio se convirtió en una noche santa y
sagrada, sin abandonar por eso su aura mágica. Cuando el portavoz de la Redención
nació, y Zacarías escribió en una tablilla: “Su nombre es Juan”, el
sacerdote recuperó inmediatamente el habla y entonó el hermoso himno de amor y
agradecimiento conocido como “Benedictus”...